1912 vio el nacimiento de otra de las piezas clásicas de Cartier, el reloj Bagnoire (aunque no recibió este nombre hasta 1973), característico por su diseño oval y que ha sido objeto de múltiples versiones a lo largo de la historia. Este mismo año, la marca empezó a engastar diamantes de talla baguette en algunas de sus piezas femeninas. El corazón joyero de Cartier se deja ver claramente en creaciones como el primer reloj-brazalete de señora, de 1914, adornado con un “motivo de pantera” en ónice y diamantes engastados.